Esperanza
Por Eduardo Mazza
La presencia a menudo
se hace invisible
allí cuando el grito anhelado
se queda sin voz,
y los deseos sobreviven
para alimentar la marcha.
Seguir y seguir,
siempre pequeño,
bajo el cielo eterno de la información incierta,
paseando sobre el suelo volcánico
de un desarrollo estéril.
La humanidad es creadora de ciencia,
tecnología, arte;
pero el bienestar se aleja
convertido en demencia
porque se resiste a desaparecer.
Y siempre está ahí la esperanza,
adelante, impalpable,
sagrada,
marcando el camino a la existencia.
Mujeres y hombres prehistóricos
viajaron a nuestros días
sobre el arco iris del tiempo.
No trajeron poderosas armas
ni corazones artificiales.
Solo vinieron para enlazar sus manos con las nuestras
y así contemplar juntos el sueño de la colina.
Arriba ese ánimo,
los colores son amigos
que nos visitarán a perpetuidad.
El árbol sonríe al cielo y le expresa:
«Por favor, no dejes de compartirnos lo que dibujas
y esas canciones que te hacen suspirar.
Tus lágrimas de emoción
bendicen nuestra tierra
y renuevan la esperanza. Gracias”.