Perro herido
Por Renata Matkovic Canevaro
Escucho los aullidos de Dios
Durante la noche.
Son longevos y heridos
Son viejos y eternos.
Es durante esa noche
Que los perros sobre el rocío
Ladran lamentando su muerte.
Muerden las cadenas que los atan,
Pero al no poder liberarse,
Con tal de huir
Comienzan a mutilarse.
Es durante esa oscuridad de verano
Que me recuerda a un pasado imaginado,
Que siento el peso de la noche
Sobre mis hombros.
Esa noche, es mi propia noche.
¡Alejense, bandidos de la negrura finita,
No se adueñarán de mi ocaso
Ni de mis madrugadas!
Los potros salvajes relinchan
Y los ladrones huyen,
habiéndome robado mis madrugadas
Y mi ocaso.
Ahora ya no queda de mí
Ni la noche,
Solo un perro mutilado al cual enterraré
Y por el que rezaré.