Pudo haber sido cualquiera de nosotras
Por Silvia Gabriela Vázquez
Antes, mucho antes de estar muerta,
regaba los jazmines por las noches
y tejía respuestas por la tarde
que olvidaba después, cada mañana.
(Un día y otro, semana tras semana).
Decidía marcharse, pero claro,
él le llevaba flores y la espina
-esa astilla morada- parecía
apenas un detalle ante su aroma.
(La esquina del silencio nunca es roma)
Antes, mucho antes de estar muerta,
había estado alerta, sospechaba,
mas eligió ocultar quién le causaba,
con el paso del tiempo, tantas penas.
Qué parte de ese amor no era tan sano,
qué mano misteriosa de azucenas
-o un ramo de violetas o una rosa-
le pedían disculpas reiteradas.
Y aplazó decisiones ya tomadas,
confundiendo pasión con otra cosa,
y aceptó aquella sal su herida abierta,
antes, mucho antes de estar muerta.