Seleccionar página

Saldos

Por María Svartzman

Me compré un nuevo juguete
con pilas y alarmas,
para llamar la atención
de mis nuevas amistades.
Tiene un mensaje en un visor
que nunca me deja leer.
Y toma formas extrañas
que nunca voy a entender.
Una vez apareció con sangre
-nada me supo decir-.
Otra vez alzó la voz
sólo para gemir.
Cuando me voy a dormir
dos luces titilan como ojos.
Y lo he cruzado pasilleando
para contemplar espacios a su antojo.
Me habla sin palabras,
su voz es de hojas partidas.
Me dijo que lo mate
y se quedó sin pilas.
Yo lo lustro
para seguir descubriendo
sus maravillas.
Me mostró un cuchillito,
quedé fascinado.
Y en el visor festejaba
un nuevo cumpleaños.
Mañana me lo llevo de ronda,
me dice a la noche qué hacer.
Yo le creo todo
porque tiene poder.
Cuando escucha gritos se excita
y me impone un zumbido.
No tengo miedo,
ya no estamos dormidos.
Los he visto en mantas y bolsos
que disimulan olvidos.
Ahora sí voy tranquilo,
son los nuevos tiempos.
La máquina me ampara
de lo que no entiendo.
Me siento poderoso
y ya no necesito amigos.
La sangre rueda en mi cara
y solo cazo con él de testigo.
La gente mira mal
y ya no la soporto.
son tiempos confusos
y miro torcido al del kiosko.
«Están cada vez más locos»
pienso, invadido.
Mientras mi leal chiche
genera nuevos enemigos.