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Entre la escritura académica, el arte literario y el conocimiento legítimo

13 mayo, 2022

 

Una reflexión sobre la naturaleza de la escritura académica y su distinción con la literatura ¿Qué puede considerarse “conocimiento legítimo”? De esto trata este artículo de Carla Coletta que les compartimos.

 “Montag, tendido en el suelo con los ojos cerrados por el polvo, un fino y húmedo cemento de polvo en la boca cerrada, jadeando y llorando, pensó otra vez. Recuerdo. Recuerdo. Recuerdo algo más. ¿Qué es? Sí, sí, parte del Eclesiastés. Parte del Ecleiastés y la Revelación. Parte de aquel libro, una parte. Rápido, rápido ahora, antes que se borre, antes que la conmoción desaparezca, antes que muera el viento. El libro de Eclesiastés. Aquí está. Se lo recitó a sí mismo en silencio. Echado cara abajo sobre la tierra temblorosa, repitió sin esfuerzo las palabras, una y otra vez, y eran perfectas y no aparecía el dentífrico Denham por ninguna parte. Solo estaba allí el predicador, de pie en su mente, mirándolo…” [1]Bradbury, 1953, pag 162

Este es un fragmento de “Farenheit 451”, una novela escrita por Ray Bradbury en el año 1953. Este libro narra la historia de Montag, un bombero cuya tarea era quemar libros. Si, quemar libros. La historia se desarrolla en un futuro distópico en el que las personas tienen prohibido por ley leer, y poseer libros. Esta novela acarrea una preocupación, una preocupación sobre el conocimiento, la libertad y el poder. Sin embargo, es una novela.

¿Qué significa, que implica que sea una novela? ¿Qué su mensaje, por más profundo que pueda ser, queda totalmente deslegitimado, comparado con grandes escritos de la literatura académica? ¿Que no puede considerarse “conocimiento legítimo”?

Existe en el “mundo académico” la distinción de una escritura propiamente académica, y de una que no lo es. Esto implica establecer ciertas reglas para que eso suceda. Reglas de escritura que marcan la forma del escrito, que configuran su lugar en el mundo académico, y que la separan de “las formas no legítimas”. Sin impuesta por quienes tienen la legitimidad para tomar la palabra, quienes representan al “universal” en el diccionario occidental, heredado del cartesianismo ¿Cuáles son esas formas no legítimas que no pueden ser incluídas dentro del conocimiento académico? Las que dejan en evidencia al cuerpo y sus vivencias.

     

“¿Qué significa, qué implica que sea una novela? ¿Que su mensaje, por más profundo que pueda ser, queda totalmente deslegitimado, comparado con grandes escritos de la literatura académica? ¿Qué no puede considerarse “conocimiento legítimo”?”

     La escritura, ya sea académica o no, es una de las tantas formas en las que el cuerpo habita, es una forma de éste. El cuerpo habita también, en la escritura. Por lo que , podríamos entender al cuerpo fuera de los límites de la extensión, una definición que podría cuestionar los límites de la mirada, del oculocentrismo. Un cuerpo que es carne, pero que esa carne se encuentre anclada en la identidad y, por lo tanto, en las producciones de todo tipo. Haraway, desde su postura como científica feminista, postula:

“Los ojos han sido utilizados para significar una perversa capacidad, refinada hasta la perfección en la historia de la ciencia —relacionada con el militarismo, el capitalismo, el colonialismo y la supremacía masculina—para distanciar el sujeto conocedor que se está por conocer de todos y de todo en interés del poder sin trabas”[2]Haraway, 1995

En este sentido, la mirada define al cuerpo como un límite de materia en un espacio determinado. Ese cuerpo se constituye, entonces, a partir de un tipo de mirada legítima, universal, falsamente establecida por el “sentido común, sino mas bien, por una historia de conquista europea. La hegemónica, la legítima, la blanca, masculina y heterosexual.

“Quisiera insistir en la naturaleza encarnada de la vista para proclamar que el sistema sensorial ha sido utilizado para significar un salto fuera del cuerpo marcado hacia una mirada conquistadora desde ninguna parte. Esta es la mirada que míticamente inscribe todos los cuerpos marcados, que fabrica la categoría no marcada que reclama el poder de ver y no ser vista, de representar y de evitar la representación. Esta mirada significa las posiciones no marcadas de Hombre y de Blanco” [3]Haraway. 1995 Bibliografía: -Bradbury, R, (1953), Fahrenheit 451, (13ra edición), Buenos Aires, Argentina, Minotauro. -Becker, H (1987), Manual de escritores para científicos sociales, Buenos … Continue reading

El resabio del dualismo cartesiano, que limita la comprensión de la realidad en un binomio de “claro y distinto”, opuesto a  “lo confuso y lo oscuro”, es responsable de esta configuración occidental de lo que construimos con los ojos. Es el cuerpo, el cuerpo occidental, una creación, una “cosa higienizada para el estudio”. Una cosa, carne, separada de la identidad. Esa es la constitución interna de la objetividad científica.

Entonces, esa es la configuración de las normas de escritura. Un intento por higienizar el cuerpo, un cuerpo que existe en forma escrita. Un intento por borrar la historia de ese cuerpo, las vivencias, las experiencias. ¿Por qué? Porque ese cuerpo, con historia, ese cuerpo que puede ser negro, mujer, lesbiano, trans, discapacitado, no puede ser capaz de crear conocimiento, ni de comunicarlo, ni tampoco, ese cuerpo es capaz de tomar la palabra. Porque su propia historia vuelve “oscuro y poco claro” sus ideas. Es el intento constante de convertir a los cuerpos, a las producciones humanas, en un instrumento para el capitalismo racional occidental.

Parecería que el intento por borrar a lo otro, a lo “extraño”, según esta mirada hegemónica, es también, el funeral de un conocimiento que trascienda los límites impuestos por la falsa racionalidad distinta del cuerpo. Es un conocimiento que permite el ingreso de lo otro, de lo extraño, que permita lo poco claro y poco distinto. Un conocimiento que permita la intersección entre diversas disciplinas. 

“La filosofía es una reflexión para la cual toda materia extranjera es buena, y, estaríamos dispuestos a decir, para la cual toda buena materia tiene que ser extranjera”, afirma Canguilhem, refiriéndose a otro material posible que permita una nueva reflexión, o una reflexión más profunda.

En este sentido, podría ser, tal vez, el resignificar el cuerpo, no a través de la escritura no académica, sino a través de una literatura artística, una posible forma de intervenir en este problema. Podríamos retomar cualquier crónica como ejemplo (ya que la crónica es un género híbrido, que transita entre los límites de lo artístico y lo académica, y por lo tanto, nos permitiría pensar en la posible flexibilización de las reglas, o en la ruptura de estas), pero sería más interesante ir más lejos. Retomar una obranaturalmente literaria, como se conoce.

¿Qué “cosa” hay en Fahreinheit 451 que podría darnos ese indicio? ¿Qué conocimiento encarnan sus páginas? ¿Qué mirada se necesita para descrifralo y/o traducirlo? Ese es mi interés. Relacionar la escritura, como un hecho artístico, como un posible intento por construir un Bricoleura partir de diversas formas de conocimiento.

Reconocer la potencia creadora, y la potencia de conformación de nuevo conocimiento, pero un conocimiento que permita ver a través del cuerpo que se refleja en el escrito, podría ser, tal vez, un conocimiento que reconozca la potencia del cuerpo, y reconozca a “lx otrx” que puede hablar, decir, y moverse a través de lo escrito. Es un posible intento por desnaturalizar los mecanismos de poder que operan en el cuerpo y en todas las formas del cuerpo que sirven, sirvieron, y posiblemente sigan sirviendo, al interés de un modelo dualista cartesiano a favor de una hegemonía universal legítima en este mundo occidental.

Tal vez ese sea el cuerpo que hay que recuperar, el que se encuentra escrito en las páginas de una novela, en una poesía, o también encarnado en un ensayo o una reseña. Y por que no hacerlo de una forma transgresora, viva, móvil, diversa, que se expande, cambia, “está-siendo”, que reconozca al arte como potencia de conocimiento. Repensar esas reglas que parecen estancas, y utilizarlas como forma de creación que incluya, que diversifique, que oscurezca.

La cita, podría ser el reconocimiento de ese potencial. Una cita que deje ver que ese conocimiento producido por el arte literario, es efectivamente conocimiento. Que la literatura sea nombrada como legítima desde espacios de poder en tensión, como por ejemplo el académico.

Se encuentra en estas páginas, también el debate por la identidad y el lenguaje, por el decir y el “estar-siendo” en un cuerpo que cobra diversas formas. Un cuerpo que no responde al oculocentrismo, que se encuentra y habita distintos planos.

El intento por ser objetivo, termina enterrando la objetividad en su propia esencia. Es la esencia de la objetividad, según el cartesianismo, lo que la mutila. Desconocer a otras maneras de nombrar, de decir, de habitar, de significar, desconocer las historias, las memorias, las vivencias, las experiencias sensibles, las emociones, elimina la potencia de la objetividad. Una objetividad que podría ser humana, y no idealmente, y de forma ficticia, máquina. El reconocimiento de nuestra propia esencia, una esencia que reconozca nuestras contradicciones, y que también, reconozca nuestras limitaciones por intentar explicar “las realidades” que percibimos (e inclusive, las que no).

 

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