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Jack Vettriano y Los detectives salvajes

Por Roberto Velasquez

14 mayo, 2023

 

El autor nos propone una reflexión sobre la relación entre un libro y su tapa, entre lo pictórico y el género literario, desde la linguística y la semiología.

Escribir sobre el arte de tapas tiene ese sabor de campo llano, de terreno virgen, de espacio donde se pueden decir más de algo. Quizás la razón de lo poco explorado del terreno es lo vasto de su extensión – ya que la tapa abarca una gran parte de las producciones culturales, donde por lo menos exista un contenido final como libro, disco etc- o quizás se debe a la poca importancia que da muchas veces la industria a la tapa, que en muchos casos es de cumplir un rol estrictamente funcional que es cubrir, resguardar o presentar algo más importante.

Probablemente las tapas que destaquen sea por una característica especial, o por lo relevante de su contenido, pero sea como sea, no quiero detenerme en las tapas en general, quiero acotar, ir directamente a una tapa en particular. Se trata de la tapa del libro Los detectives salvajes del legendario escritor Roberto Bolaño. Al parecer en el mundo de la literatura, las tapas tienen un carácter azaroso, donde la decisión pasa muchas veces por las manos de un publicista ingenioso que quiere vender bien un libro o en el peor de los casos por el funcionario de turno que desea sacarse un trabajo de encima de la forma más práctica posible. En el caso de la novela en cuestión, la tapa es la obra The Billy Boys del pintor Jack Vettriano, pintor escocés con una prolífica carrera. En el óleo se pueden ver cuatro hombres caminando por una playa, vestidos de traje y con sombreros fedora. En la tapa del libro, la pintura de Vettriano está modificada, con un encuadre que deja fuera a uno de los hombres, el que está a la derecha y se viste diferente. Solo con este encuadre se modifica la obra, erigiéndose qué porción de la misma se quiere mostrar o no mostrar, decisión que profundizaré más adelante.

“Como señala Saussure, es el punto de vista el que crea el objeto, por lo que es sin duda desde el punto de vista del lector, o ni siquiera de él, de la persona que está en la librería, quien vincula directamente la pintura con el título. Es decir, la persona que (no necesariamente) leerá la novela, asociará indefectiblemente las palabras detectives salvajes con los tres hombres que caminan por la playa.”

Los detectives salvajes es la quinta novela publicada por Roberto Bolaño, y narra con su particular estilo las aventuras y desventuras de tres poetas, personajes que viven por y para la literatura, a través de veinte años. Es importante destacar que este libro tiene más de una tapa, dependiendo de la editorial. A la que me refiero en este ensayo es la de la editorial Anagrama, que es la primera edición. Pero ¿por qué vale la pena hablar de esta tapa? Sobre esta tapa en particular, recae el peso, de lo que creo yo es el dilema de toda tapa que es: ¿la tapa trasciende por sus propias características o porque el libro es bueno la tapa es recordada? Mi inclinación natural va por la segunda opción, y quizás lo confirman todos los malos libros con tapas hermosas. También el factor de la industria es importante, ya que un libro puede ser excelente, y la tapa divina, pero si no tiene el tiraje de las grandes editoriales es poco probable que ni el primero ni la segunda sean conocidas, ni trascienden como tales.

Volviendo a la obra que motiva este ensayo, me atrevo a sostener que la pintura de Jack fue cuidadosamente elegida para vender mejor la obra, por un publicista talentoso o bien por un funcionario que hizo la tarea y leyó la novela. Como señala Saussure, es el punto de vista el que crea el objeto, por lo que es sin duda desde el punto de vista del lector, o ni siquiera de él, de la persona que está en la librería, quien vincula directamente la pintura con el título. Es decir, la persona que (no necesariamente) leerá la novela, asociará indefectiblemente las palabras detectives salvajes con los tres hombres que caminan por la playa. Acá se forma la triada de representamen, objeto e interpretante que plantea Peirce, ya que de alguna manera hay en la imagen algunos signos que por convención se terminan asociando (quizás de forma un poco forzada) a la idea de lo detectivesco. ¿Los sombreros fedora, los sacos negros, pueden considerarse como símbolos de detective? Si, aunque en la pintura de Jack Vettriano no. Quizás si ponemos la imagen de un sombrero y una gabardina, ahí si tenemos un símbolo de detective, pero acá en la tapa de Los detectives salvajes, es el tratamiento de la imagen, la retórica de la imagen en palabras de Ronald Barthes, lo que determina esa asociación perfecta de los detectivesco, con Los detectives salvajes.

Pero hilando más fino, abriendo la tapa, nos damos cuenta de que la novela no trata de detectives, no por lo menos en el sentido clásico, es decir policíaco de la palabra; y probablemente quien haya comprado el libro a finales de 1998 sin saber quién era este nuevo escritor de apellido Bolaño, se haya sentido decepcionado, esperando una historia de detectives y encontró una historia de poetas que investigan algo inasible, como la poesía misma. Quien suscribe, alguna vez fue un joven lector, que luego de terminar la novela se volcó furiosamente a intentar averiguar la historia de la pintura que oficia de tapa de la novela que motiva este ensayo, encontrándose con la decepcionante o maravillosa y anecdótica verdad, de que la pintura de Jack Vettriano no tiene ninguna relación más que el azar, o el ingenio de quien la puso en la tapa del libro. Pero los avatares de la industria cultural pop ( o no tan pop) son semejantes a la divina providencia, porque el propio Jack confesó que se había inspirado en 1994, cuando hizo este óleo, en la película Reservoir dogs de Quentin Tarantino, filme que se había estrenado unos años antes. Entonces quizás si hay algo de detectivesco, en la obra, o de gangsteril quizás, la otra cara de la misma moneda, conectada en todo momento a través de nosotros, los lectores o mirones de escaparates de librerías.

Este mensaje connotado que logra capturar la editorial en la tapa de Los detectives salvajes, tiene ese efecto atractivo, engañoso quizás para quien ve estrictamente relacionado los sombreros fedora con lo detectivesco y esto con lo policial; que funciona. Pero también comunica un mensaje connotado luego de haber leído el libro, porque precisamente son tres los detectives salvajes, los protagonistas de la novela, dos basados en poetas que existieron Roberto Bolaño y Mario Papasquiaro que en la novela son retratados por los alteregos de Arturo Belano y Ulises Lima. El tercer personaje principal es Juan García Madero. He aquí la razón presumible (todo es una presunción en este ensayo) acerca del recorte del que hablé al principio, en ese encuadre que deja afuera de la tapa un cuarto hombre caminando por la playa. El mensaje connotado en esta tapa alcanza dos aristas, una previa que juega con el mensaje lingüístico del título Los detectives salvajes, y con el mensaje icónico literal, que en este caso es particularmente amplio, pero de alguna manera evoca, connota con nuestro código cultural de lo que es un detective. Pero luego tras leer la novela, adquirimos otros códigos, los código del mundo de Roberto Bolaño, y así terminamos entendiendo el porqué de la portada, dándoles a las figuras de la tapa identidades que su autor Jack Vettriano no les dio, y que probablemente Roberto Bolaño tampoco (dadas las condiciones tradicionales de la industria editorial). Incluso una vez terminada la novela, queda la sensación de que esa playa está en México.

Actualmente la novela Los detectives salvajes es una obra de culto para los amantes de la literatura y Roberto Bolaño está posicionado a la altura de grandes como Borges o Cortázar. Hoy en día la editorial Anagrama ya no imprime obras de Bolaño, lo hace Alfaguara, con otro diseño de tapa. Sin embargo, para muchos esa imagen es un símbolo de la obra de Bolaño, imprimiendo incluso remeras con ella y no en homenaje al gran pintor Jack Vettriano precisamente.

Como conclusión puedo destacar en primer lugar el maravilloso trabajo (a estas alturas quiero creer que fue consciente) para hacer la tapa de Los detectives salvajes, trabajo que a la luz de la retórica de la imagen de Barthes explica muy bien lo sutil de la imagen connotada. Como segunda conclusión destaco el lugar que ocupa en este ensayo una pintura, no una fotografía, haciendo eco de las palabras del pintor Antoine Wiertz que destaca Walter Benjamin, donde profetizaba frente a los pusilánimes de siempre, que el daguerrotipo no mataría el arte (refiriéndose a la pintura).

Como tercera conclusión… En realidad no es una conclusión, es más bien un espacio para el asombro, de todas los detalles que se pueden atar y darles un sentido global, a veces forzados o a veces no; casualidades tales como que Mario Papasquiaro, en quien está basado el personaje de Ulises Lima murió atropellado por un auto, al igual que Ronald Barthes.

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cafesito

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