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Sobre la obra poética publicada de Frede Peralta Massare

Por Marcos Emanuel Pelosso

13 abril, 2026

 

Marcos Emanuel Pelosso nos ofrece un recorrido por la obra poética de Frede Peralta Massare. Explora sus influencias, temas recurrentes y el delicado equilibrio entre tradición y sensibilidad personal.

«Su modo de mirar y sentir la vida pasar por su alma deviene en versos donde la pasión se vuelve reflexiva y atestigua el fluir de todo lo que se ama. La poeta una y otra vez ronda sobre temas que, sin lugar a duda, presionan su necesidad de convertirlos en poesía y logra así transmitir esas emociones incontenibles». Con estas palabras, el escritor y periodista José Luis Thomas resume en la contratapa de Celebración de un legado (Pirca Ediciones, 2011) la esencia de la obra de Frede Peralta Massare. En su comentario, destacan dos aspectos: la conjunción entre pensamiento y emoción en la escritura de la autora, y la recurrencia temática. Para comprender la precisión de esta observación —que, aunque debatible, no es errónea—, es necesario un breve análisis de su producción literaria, con especial atención a sus referentes, sus lecturas y las intertextualidades que atraviesan su poesía.

Nacida en San Genaro Norte, provincia de Santa Fe, en 1933, Peralta Massare se trasladó en su juventud a Rosario, donde cursó estudios en el Conservatorio Literario y obtuvo el título de preceptora literaria. Su trayectoria incluye múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, así como una activa participación en diversas instituciones literarias. Entre 1991 y 1993, fue secretaria de actas y compaginadora del libro anual de la Asociación Literaria Nosotras en Rosario. Luego, entre 1994 y 1999, se desempeñó como secretaria en el Conservatorio Literario de la ciudad, y en 2001 asumió como vicedirectora de la misma institución y subdirectora de la revista La Hoja. Además, integró la comisión directiva de la filial rosarina de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E.) hasta el año 2000.

En 2001 publicó su primer poemario unipersonal, Después de mí, a través de Imprenta La Manija. Poco después, se estableció en Villa Carlos Paz junto a su esposo, donde se sumó al Instituto de Historia y Letras de la ciudad como Miembro de Número, desempeñándose como secretaria adjunta, directora de talleres literarios y organizadora de veladas de lectura. En 2008 asumió el rol de secretaria de Cultura, Prensa y Difusión de la comisión directiva de Escritores Cordobeses Asociados (E.C.A.), entidad con la que publicó Cuentos de travesía en 2009. Dos años después, lanzó Celebración de un legado, cuya primera edición de 350 ejemplares se agotó en menos de un mes. Además de sus libros unipersonales, su obra se encuentra en diversas antologías y espacios digitales.

 

“La obra de la poetisa aborda de manera recurrente ciertos temas centrales: el paso incesante del tiempo, el juego entre presencias y ausencias, la intimidad del sentimiento expuesto y la imposibilidad poética de retener aquello que se anhela—ya sean recuerdos, lugares, momentos o personas.”

Empecemos a analizar un poco su labor como escritora; si leemos una sección magistral de su poema Presencia (dedicado a su difunto esposo), podremos encarar los temas centrales de su obra.

 

Eres calor de un leño que despliega

una llama de fuego mesurado,

cobijando ese tiempo desvelado

que entre gotas de llanto se disgrega.

 

Tu presencia es la tenue melodía

que cubre con sonidos envolventes,

esa nostalgia que invadió simientes

la va desvaneciendo día a día.

 

La obra de la poetisa aborda de manera recurrente ciertos temas centrales: el paso incesante del tiempo, el juego entre presencias y ausencias, la intimidad del sentimiento expuesto y la imposibilidad poética de retener aquello que se anhela—ya sean recuerdos, lugares, momentos o personas. Un análisis detallado de su producción revela la constante aparición de ciertas palabras clave asociadas a estos ejes temáticos: «tiempo», «instantes», «horas», «momentos», «silencio», «cuerpo», «transparencia», «desnuda», «encuentro», «espejo», «tierra», «vuelo», «alas», «infinito» y «nostalgia».

Esta reiteración no debe interpretarse como una limitación del lenguaje ni como una falta de pericia literaria, sino como el reflejo de una necesidad expresiva profunda. Su poesía es el vehículo de una búsqueda que trasciende lo inmediato y material, proyectándose hacia una derivación que entrelaza su feminidad, su edad y su pensamiento. A través de este enfoque, la autora inscribe su obra en la tradición de la literatura del yo, una corriente de fuerte impronta postmoderna que privilegia lo autorreferencial, lo confesional y el testimonio íntimo.

En su obra, se advierte una notable presencia de argentinismos tanto en el uso de símbolos específicos—como el mate—como en expresiones típicas del país, tales como el voseo o frases como «cara é sueño». Asimismo, la mención de lugares concretos dentro de Argentina refuerza la identidad local de sus textos. Cuando la autora dedica versos a los sitios que más ama, recurre a una descripción que oscila entre el orgullo y la melancolía, un tono que recuerda a Fervor de Buenos Aires de Jorge Luis Borges. No obstante, para distanciarse de este referente y de su estilo, Peralta Massare apuesta por formatos clásicos—décimas, sonetos, endecasílabos—y recurre a la rima, ya sea asonante o con variaciones, pero siempre presente.

La escritora ha manifestado en diversas ocasiones su admiración por Borges e incluso lo ha citado en algunas de sus composiciones. Un ejemplo claro de esta influencia se encuentra en su poema Calle Garibaldi:

 

Calle cortada con visión austera

los faroles ansiosos la recorren

y en su policromía de colores

está la eternidad de las estrellas

[…]

Recorro por su asfáltica cadencia

la belleza que dejan los albores

y en esta hora exacta de la noche

suspiran para mí las horas quietas.[1]Peralta Massare, F. (2011). Celebración de un legado («Calle Garibaldi»,  pág. 83). Pirca Ediciones.

 

A continuación, una sección de LAS CALLES, de Jorge Luis Borges:

 

No las ávidas calles

incómodas de turbas y ajetreos,

sino las calles desganadas del barrio

casi invisibles de habituales

enternecidas de penumbra y de ocaso…

[…]

abrumadas por inmortales distancias

a perderse en la honda visión

de cielo y de llanura.[2] Borges, J. L.; Obras completas 1 (1923-1949) / Jorge Luis Borges. 3° edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Sudamericana 2021.(página 19)PenguinRandom House Grupo Editorial.

 

Ambos textos evocan calles largas y silenciosas, en las que la mirada se pierde en la distancia y la noche. Sin embargo, las diferencias estructurales y estilísticas—el uso de la rima en Peralta Massare frente a la cadencia libre de Borges—le otorgan a cada poema su sello distintivo.

Por otra parte, en la obra de la poeta también se advierte la influencia de Pablo Neruda, especialmente en la necesidad de una conexión profunda entre el yo lírico y el ser amado. Sin embargo, a diferencia del autor chileno, ella depura sus versos de la carga explícita de la sensualidad, inclinándose en cambio por una idealización más etérea, sin perder de vista su predilección por la musicalidad y la rima. Un claro ejemplo de esta relectura de Neruda se encuentra en el siguiente fragmento, que bien podría considerarse una continuación de la idea central del poema En ti la tierra:

 

Me detengo ante mis pasos

porque el telón ya se cierra

dando final a un romance

con bucólica cadencia.

Todo el glauco del paisaje

en el valle se refleja

para dar paso a la noche

que en la quietud se recuesta. [3]Peralta Massare, F. (2011);Celebración de un legado (Oda a la Villa,  pp. 68-72). Pirca Ediciones.

 

Notemos también el uso de la palabra glauco, un color verdeazulado muy claro que Pablo Neruda solía emplear con frecuencia en sus creaciones. Al igual que con Borges, la autora se reconoce lectora de Neruda y lo menciona en sus composiciones.

 

Sin embargo, la influencia más evidente en su producción literaria proviene de los escritos de Gabriela Mistral y Alfonsina Storni. De ellas toma su afinidad con el modernismo—también llamado «clasicismo modernizado»—, un movimiento que, aunque en decadencia durante la época en que ambas escritoras vivieron, dejó una huella profunda en su obra. Comparte con ellas la prioridad por la musicalidad sobre las normas estrictas, un vocabulario accesible y una inclinación por las temáticas del romanticismo y el intimismo.

El parentesco entre el poema Presencia—analizado anteriormente—y los siguientes fragmentos de Gabriela Mistral es revelador. En La memoria divina y Ausencia, la poeta chilena evoca con intensidad el paso del tiempo y la imposibilidad de retener aquello que se ama:

 

Tuve la estrella viva en mi regazo

y entera ardí como un tendido ocaso.

Tuve también la gruta en que pendía 

el sol, y donde no acaba el día

y no supeguardarlos […].

 

Tu entraña fuese, y sería quemada

en marchas tuyas que nunca más oigo

¡y tu pasión que retumba en la noche

como demencia de mares solos!

 

Veamos ahora una similitud breve con otro escrito de Alfonsina Storni, la última estrofa del poema Lo inacabable [4]Extraído de Marín, Susana. Sep., (2015). Lo inacabable, de Alfonsina Storni. Poemario. Acceso en https://poemario.com/inacabable/:

 

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

¡Y toda primavera que se esboza

es un cadáver más que adquiere vida

y es un capullo más que se deshoja!

 

El vínculo es evidente. Frede Peralta Massare se ha declarado, en entrevistas personales, una discípula de Gabriela Mistral y de Alfonsina Storni, y aquellos que han leído las obras de las dos últimas famosísimas sabrán que atienden diversos temas con diversas aproximaciones, pero en donde las dos coinciden, se trabaja e inspira la obra de la autora que estudiamos. Si bien estas páginas no pueden abordar el extenso material publicado, esperamos que este escrito sea una invitación al lector para revisar la obra de Frede Peralta Massare. En ella hallará la voz de una mujer que admira a los grandes escritores latinoamericanos, que comparte las aventuras y desventuras de su historia, decorando con finísima y estudiada mano sus añoranzas, sus deseos, sus fantasías, y sus imposibilidades. Si el lector comparte gustos con los mencionados y prestigiosos literatos sudamericanos, y si disfruta de la buena poesía, hallará en la autora de nuestro estudio una continuadora de esas grandezas literarias y una mano fresca que busca revindicar el clasicismo moderno.

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