En este artículo, Marcos Emanuel Pelosso propone una lectura profunda sobre cómo el arquetipo del varón ausente, abusivo o dominante se convierte en el motor secreto de los relatos de Mercedes Coni. Analiza cómo por este medio puede lograrse una crítica social al peor esteriotipo masculino.
«Y es que Detrás de las puertas tiene eso: genera incomodidad porque lo que leemos sucede, sin que podamos hacer mucho o, a veces, nada.[…] No sé si Mercedes escribe desde una posición, no quiero adjudicarle ninguna, pero lo cierto es que sus textos denuncian aquello que la gente (y, según el femrage, que los hombres) esperan de nosotras: docilidad, silencio, sumisión. Directo o no, el mensaje que me llega como lectora es ese» [1]Reseña de Detrás de las puertas, en la cuenta de Instagram @de.barrionuevo.. Estás palabras pertenecen a la reseña hecha por Débora Barronuevo en su cuenta de Instagram, y su apreciación es casi precisa con lo que todo lector de la obra puede sentir al pasar por sus páginas. La autora, con un estilo de escritura sencillo y de una ligereza mordaz ―entre cómica y dolorosa―, presenta situaciones de una crudeza emocional que cala en la sensibilidad del lector, dejando sensaciones que pueden asociarse con la incomodidad, el enojo, la desesperanza o con la sonrisa que hacemos al percibir una ironía; no deja a nadie indiferente. Además, en sus textos puede notarse una generalidad cautivante: el rol que ocupa un arquetipo de varón ―ausente, abusador o violento― como motor narrativo, es decir, como la estructura subyacente (cuando no tácita) o el mecanismo central que impulsa una historia, generando conflictos repetidamente, que mantienen la trama en movimiento y/o que obligan a los personajes a tomar decisiones o ser el centro de sus reflexiones. Analizar esto es la razón de nuestro escrito.
Antes de abordar nuestra tarea, es necesario presentar algunos detalles de la vida de la escritora. María Mercedes Coni Molina nació en la provincia de Buenos Aires y se autodenomina «riojana por adopción». Aunque su presencia en el ámbito literario es reciente, «ella afirma que siempre escribió, sin publicar y sin tener el oficio». Su ingreso en el campo no pasó desapercibido; tras ganar el concurso de microrrelatos «Te cuento la Chaya» en el año 2018 con su controversial cuento Yo mujer, empezó a asistir al taller literario «Los Imagineros» para participar en la publicación de otros cuentos en antologías propias del espacio. En 2022 publicó su libro El año en el que volví a comerme las uñas y otros cuentos a través de Estantigua Editorial Independiente y, a la fecha de este escrito, presenta su libro Detrás de las puertas en la Feria del Libro de Buenos Aires, la más grande y significativa de nuestro país.
No menos importante, Mercedes Coni es jubilada de maestra de nivel inicial y trabajó comprometidamente toda su vida en espacios donde la pobreza y las carencias económicas y culturales fueron grandes; en ese contexto ―nos comenta en una entrevista privada― comprobó la cruda realidad que sufren las mujeres de ese estrato social en la provincia de La Rioja, y parte de sus obras toman esos reflejos de injusticia y maltrato doméstico que moldea el arquetipo de nuestro interés. El cómo presenta estos personajes arquetípicos y cómo movilizan la narración es lo que trataremos a continuación.
“La obra de la poetisa aborda de manera recurrente ciertos temas centrales: el paso incesante del tiempo, el juego entre presencias y ausencias, la intimidad del sentimiento expuesto y la imposibilidad poética de retener aquello que se anhela—ya sean recuerdos, lugares, momentos o personas.”
En la primera parte de su cuento Por la rendija, Mercedes Coni narra el abuso que sufre una niña en una ducha por un adulto como si fuera un juego, mientras que otro espía por una rendija la escena; es lo que provoca y hace el varón abusador lo que puntualiza las oraciones. En la segunda parte, la rendija es el bolsillo de un saco usado por un varón que ya no está y de los recuerdos nostálgicos que traen al narrador; lo que él tenía y lo que él dejó en ese saco lo que desenvuelve la narración. En su cuento Ella no se peina, narra la historia de una mujer que hace todas las labores hogareñas y mandados del día, siempre pensando casi de manera obsesiva que no se ha peinado, y cuando llega su esposo o pareja, éste le dice que no se peinó, no valorando lo que ella había hecho por y para él. En su cuento La elección, una prostituta narra de forma casi romántica el encuentro con un cliente que la mata; es el varón el que la elige, la lleva a su casa, intima con ella y luego la asesina, mientras la protagonista tiene un rol pasivo. En el cuento Damiana, el bozal y el freno, una mujer echa a su esposo de su casa y éste se arma una habitación en el fondo del patio. Un día, el hombre se cae de un caballo, ella intenta auxiliarlo, pero éste muere; luego el marido se le aparece como fantasma todas las noches al borde de su cama porque ella no le pidió perdón antes de morir. La narración se desenvuelve por lo que le pasa a él, y, luego, su ausencia ―ligada a la culpa―, se vuelve un ser que atormenta constantemente. Por último, en el cuento Yo mujer, ganador del Concurso Nacional de Microcuentos “Te cuento la chaya” en 2028, se narra desde la perspectiva de una mujer sumisa y pasiva que muere a causa de un incendio aparentemente provocado por su marido que vuelve borracho después de la celebración de la Chaya Riojana (la polémica y revuelo social que generó este cuento realzó la fama de la escritora, no sin dejar de ser acusada de feminista o provocadora). Los ejemplos así pueden seguir, porque en muchos de estos escritos se nota el arquetipo de varón ausente, abusador o violento como agente de conflicto, impulsor de la trama o de la narración y centro temático. Indagaremos sobre este asunto.
Es posible que el lector piense que, en conjugación con las modas comerciales actuales y los movimientos feministas que tomaron fuerte presencia en todos los medios de comunicación, la autora pertenezca a esta corriente narrativa. No es desconocido que, en buena parte de la literatura atravesada por perspectivas feministas, la figura del varón aparece con insistencia bajo formas que remiten a la violencia, la ausencia o el abuso. Pero aquí viene el dato más interesante: Mercedes Coni no se inscribe en una militancia feminista, no puede vinculársela al círculo de escritores mediáticos o masivos de ese rubro, no es activista de los partidos políticos que se embanderan esas luchas y ―por entrevista directa― no ha sufrido en su ambiente personal ningún tipo de maltrato de los que narra por parte de ningún varón.
Con esta información, ya muy lejos de constituir una simplificación arbitraria, podemos analizar que esta recurrencia puede leerse como un gesto crítico que busca visibilizar las estructuras de poder que históricamente han organizado las relaciones de género. En el ideario de Mercedes Coni, la imagen del varón dibujado bajo el arquetipo que detectamos es un agente de poder que determina el destino del personaje femenino y lo limita, lo somete o lo elimina. Así, el personaje masculino no funciona únicamente como individuo, sino como encarnación de un orden simbólico más amplio que regula los cuerpos, los vínculos y las posibilidades de acción dentro del relato; la feminidad se define por la negación a la masculinidad, y eso es lo que genera la incomodidad que siente el lector.
En este sentido, la representación del varón como figura violenta o dominante puede pensarse en relación con lo que la teoría de las masculinidades ha denominado «masculinidad hegemónica», concepto desarrollado por R. W. Connell[2]CONNELL, Raewyn y MESSERSCHMIDT, James (2021). Masculinidad hegemónica. Repensando el concepto (Trad. Stéfano de, Matías y Morcillo, Santiago). RELIES, (6), 32-62.. Desde esta perspectiva, ciertos atributos —el control, la racionalidad extrema, la negación de la vulnerabilidad, la eterna presencia como influencia imposible de esquivar— configuran un ideal cultural de lo masculino y legitiman formas de violencia que la literatura recoge y problematiza. Cuando estos rasgos aparecen en los cuentos, como sucede en los relatos ficticios de Mercedes Coni, no lo hacen necesariamente como rasgos psicológicos aislados, sino como síntomas de una lógica social y cultural que los excede, que pone al varón en el centro narrativo y que robustece, cuento a cuento, la presencia del arquetipo.
Valeria Solís-Lemús, investigadora de la Universidad de Costa Rica, habla de este mismo tópico en su artículo Representación literaria de las masculinidades hegemónicas en El túnel de Ernesto Sábato:
La definición patriarcal de feminidad equivale a un desarme cultural que puede ser tan efectivo como el desarme físico. Por ello, es evidente que la violencia, aunque se asocie casi siempre a una cuestión física donde interfieren aspectos de índole biológica que presuponen la superioridad del hombre, también se asocia a otras formas de represión […] Así, es posible afirmar que la violencia está naturalizada y que corresponde a las laboresque, como parte del grupo, deben llevar a cabo los hombres o bien al refuerzo de la virilidad. [3]Solís-Lemus, V. (2025). Representación literaria de las masculinidades hegemónicas en El túnel de Ernesto Sábato. Impossibilia. Revista Internacional De Estudios Literarios, (30), 156–168. … Continue reading
De allí que, en muchos de estos relatos, el varón violento no sea simplemente un antagonista tácito o presente, una ausencia que se hace sentir o un depredador sexual, sino un verdadero motor narrativo. Su presencia —o incluso su falta— organiza la trama alrededor de su imago, condiciona la vida de otros personajes, remueve reflexionescasi como monólogos internos y pone en movimiento conflictos que de otro modo permanecerían latentes. La violencia, en este marco se presenta solo como un acto y como una fuerza estructurante del relato: algo que irrumpe, que desarrolla la narración, que desestabiliza y obliga a los personajes a reconfigurar sus vínculos y su lugar en el mundo.
Hablar del arquetipo de varón que estudiamos como «motor narrativo» implica desplazar la lectura desde el plano temático hacia el plano estructural del relato; no se trata únicamente de identificar la presencia de un personaje violento, ausente o abusivo, sino de observar cómo su figura organiza la lógica interna de la narración. En los cuentos de Mercedes Coni, la figura del varón ―nuevamente, tácito o explícito― introduce un conflicto y establece las condiciones mismas de posibilidad del relato: determina qué puede ocurrir, qué no, qué se dice y qué permanece en silencio. Su accionar —o su falta, pues su existencia tácita es más bien simbólica— no es un elemento más dentro de la historia, sino aquello que activa la secuencia narrativa, orienta la focalización y desencadena emociones o memorias y condiciona las decisiones y el destino de los personajes. En este sentido, el arquetipo masculino funciona como una fuerza estructurante que impulsa la trama, define su dirección, su intensidad y, en muchos casos, su desenlace.
Por ejemplo, en Por la rendija, la figura del varón aparece como acción y causa del abuso, y como dispositivo que organiza la doble estructura del relato. La develaciónfinal —el acto inmoral como acto observado—actúa como evento-agente perturbador y como núcleo generador de sentido que se reconfigura la intención del cuento. En la segunda parte del cuento, la figura masculina, incluso cuando ya no está presente, continúa operando como principio de articulación narrativa: es aquello que conecta pasado y presente, que transforma el recuerdo en relato y que convierte la experiencia en una forma de significación. De este modo, el varón no actúa solo dentro de la historia, sino que modela su forma.
Verbigracia, en Ella no se peina, la subjetividad internalizada y constante del varón en la protagonistaopera como un centro gravitacional invisible que organiza la vida de la mujer. Aunque su presencia es diferida hasta el final, toda la narración está orientada hacia su mirada y su juicio; el poder del vínculo y de la acción lo tiene el varón. La obsesión de la mujer por no haberse peinado no es autónoma, sino que se construye en función de una expectativa masculina internalizada producto de ese poder que mencionamos. En este caso, el motor narrativo no se manifiesta como acción directa, sino como anticipación: el relato avanza porque el personaje femenino ―en un rol pasivo casi conmovedor― se piensa a sí mismo desde la futura evaluación del varón que ella ya anticipa. Así, la ausencia se vuelve productiva, generando movimiento narrativo a través de la espera, la ansiedad y la autoexigencia.
En relación con el poder, autoras como Rita Segato permiten profundizar esta lectura al pensar la violencia masculina como una práctica que excede lo individual y que se inscribe en dimensionesantropológicas, etnográficas, sociales y, hasta, pedagógicas. Desde esta óptica, la literatura se representa con la violencia y la expone como un lenguaje aprendido, como una forma de comunicación dentro de un sistema de jerarquías de orden socio-cultural; el varón abusivo, entonces, aparece como agente–actor y como producto de una estructura precedente ―en términos históricos y locales―que lo habilita y, en cierta medida, lo demanda, porque está inyectado en una sociedad que lo valida o, al menos, no lo punitiviza (como pudo haber visto cuantiosas veces Mercedes Coni en su trabajo). Con relación a esto, Segato dirá:
De forma muy sucinta, mi apuesta es que una de las estructuras elementales de la violencia reside en la tensión constitutiva e irreductible entre el sistema de status y el sistema de contrato. Ambos correlatos ycoetáneos en el último tramo de la larga prehistoria patriarcal de la humanidad.
El sistema de status se basa en la usurpación o exacción del poder femenino por parte de los hombres. Esa exacción garantiza el tributo desumisión, domesticidad, moralidad y honor que reproduce el orden destatus, en el cual el hombre debe ejercer su dominio […].Es en la capacidad dedominar y de exhibir prestigio que se asienta la subjetividad de los hombresy es en esa posición jerárquica, que llamamos «masculinidad», que susentido de identidad y humanidad se encuentran entramados.[4]Segato, Rita L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia : ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Buenos Aires: Universidad Nacional de … Continue reading
Sin embargo, esta construcción no puede leerse solo por esta línea de pensamientos, ya que no está exenta de tensiones. Es cierto ―por entrevista directa con Coni―que la autora bien opta la recurrencia de estas figuras porque le interesa explorar el tópico y porque son una estrategia narrativa eficaz (pues le agrada lo que la imagen plantea), mas también abre interrogantes acerca de los límites de la representación: ¿hasta qué punto la reiteración de ciertos rasgos, ligado con la creciente fama de la escritora y la masificación de sus relatos en un ambiente de tensiones culturales, no corre el riesgo de cristalizar nuevas formas de estereotipo que radicalice más la batalla de hombres contra mujeres? En este punto, las discusiones contemporáneas en torno a las masculinidades —como las desarrolladas por Daniel Eduardo Jones[5]Jones, Daniel Eduardo; La masculinidad: Varones y feminismos; Universidad Nacional de General Sarmiento; 2022; 80 . https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/232984.— invitan a complejizar estas figuras, incorporando otras formas posibles de lo masculino que escapen a la lógica de la dominación.
En definitiva, el varón violento, ausente o abusivo en la excelsa labor literaria de Mercedes Coni, no puede entenderse únicamente como un personaje, sino como una función narrativa y crítica. Su rol como motor del relato revela conflictos individuales y tensiones estructurales que atraviesan la experiencia laboral, social y personal de la autora. En esa doble dimensión —literaria y política, social e íntima— radica buena parte de su potencia: la de incomodar, interpelar y abrir preguntas más que clausurarlas. Se invita a todo lector de este escrito a navegar las páginas de Detrás de las puertasde Mercedes Coni para apreciar la calidad literaria de una mujer que explora un tópico reciente desde una perspectiva distinta y no politizada.
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Referencias




